Patidifuso y Cristina son una pareja singular. Él es un pato amarillo y ella una brillante estudiante de bachillerato. Con su testimonio, Cristina nos ayuda a entender cómo cuidar un pato y cómo hacerlo con delicadeza y responsabilidad. ¡Vamos a por ello!

Patidifuso llegó a casa de Cristina bajo la promesa –a sus amigas- de cuidarlo y respetarlo hasta el fin de sus días. “Fueron ellas quienes me lo regalaron. Son sus madrinas. Puede que no sean hadas, pero algo de ángeles guardianes sí tienen… Se preocupan de Patidifuso casi tanto como yo”, asegura Cristina antes de explicar que se lo regalaron justo cuando terminaron los exámenes.

Cristina aspira a que Patidifuso viva a su lado al menos los cinco años que, como mínimo, puede vivir este animal

¿Y eso? “Para que lo cuidara bien. Una nueva mascota no es compatible con exámenes finales”, explica una Cristina convencida de que cuidar un pato no es asunto para tomarlo a la ligera. “Hay que limpiar su casa, darle de comer, sacarlo al sol, jugar con él…”, enumera con la responsabilidad de una madre primeriza bien organizada.

No todos tienen la misma suerte

Cuidar un patoCuidar un pato es fácil, pero hacerlo bien tiene su esfuerzo. Cristina nos cuenta que alguno de sus compañeros también adoptó un pato amarillo, pero no tuvo tanta suerte como Patidifuso. “Sé que algunos se han abandonado en parques, ríos… ¡Y eso es una barbaridad!, un pato tan pequeño aún no tiene posibilidades de salir adelante él solo”.

Y tiene razón. Susana Cacho, veterinaria asesora de The Pets, explica que “las plumas de los ejemplares con menos de cuatro o cinco semanas de vida aún no son impermeables. Esto significa que, si son abandonados en un lago o similar, posiblemente mueran en pocas horas. De todos modos –aclara Cacho-, el frío y la falta de alimento también van a impedir que sobrevivan los ejemplares más adultos”.

Un pato domÉstico también necesita bañarse y nadar

Cristina es muy crítica con los abandonos. “Vamos a ver. Si adoptas un pato te responsabilizas. No es un juguete ni un complemento para lucir en las redes. Es un ser vivo, y eso debería ser suficiente para tratarlo bien y no dejarlo tirado por ahí, a su libre albedrío. ¿Me equivoco?”, pregunta Cristina con retórica y cierto enfado.

Larga vida a Patidifuso

Cristina aspira a que Patidifuso viva a su lado al menos los cinco años que, como mínimo, puede vivir este animal. Sabe que cuidar un pato conlleva obligaciones ineludibles y algún inconveniente. “Que nadie se lleve a engaño –advierte Cristina-. Los patos huelen mal, son sucios y no responden al afecto como lo haría un perro o un gato”.

Entonces… ¿Por qué un pato? “¡Mira qué bonito es! –responde con entusiasmo-. Jugamos juntos. Es muy divertido. Me sigue a todas partes y creo que ya me reconoce, aunque no estoy totalmente segura de ello… Lo sospecho porque cuando vienen sus madrinas (mis amigas), es a mí a quien sigue”, aclara con cierto orgullo en la voz.

“Las madrinas de patidifuso no son hadas, pero algo de ángeles guardianes sí tienen”

Torpe y delicioso

Cristina sigue explicando que cuidar a Patidifuso le ha ayudado a quererlo. Y mucho:  “Hemos aprendido el uno del otro. Antes de que me lo regalaran, sus madrinas y yo aprendimos cómo cuidar un pato, pero eso es solo la teoría. Hay cosas que se aprenden in situ, en el día a día”.

¿Nos cuentas alguna? “Hay tantas… Quizás lo más tierno sea su torpeza. No sabía que los patos eran tan deliciosamente torpes. Se choca con todo y tropieza a cada paso. He tenido que proteger algunas zonas de la casa, sobre todo la terraza. Ahora que ya no temo que se haga daño, sus madrinas y yo lo miramos desternilladas. No me malinterpretes –aclara Cristina-. Patidifuso tiene que aprender a manejarse por la casa sin tropezar tanto, pero mientras se instruye, no podemos evitar las carcajadas”.

Cristina puede
… quizás tú no

 

Si cuidar un pato se hace cuesta arriba, no hay razón alguna para abandonarlo. Existen centros de recuperación de animales silvestres que se harán cargo de ellos. El CRAS de la Comunidad de Madrid  funciona todo el año y tiene gestión telefónica continua. También está el centro Camadoca (Cataluña), el Fapas  (Asturias), varios Centros de Recuperación en Castilla la Mancha y muchos más. En Vida Silvestre Ibérica encontrarás un listado de todos los que hay en la Península Ibérica.

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