El Caracol

No creerás todo lo que te puede enseñar

El caracol

No podrás comprarlo, solo darle caza tras un día de lluvia. Vivirá a tu lado entre cinco y siete años, con suerte. Y aunque jamás tendrás una relación amistosa, tenerlo a tu lado te cambiará el chip. Descubrirás cosas tan fascinantes como los misterios de la hibernación o los enigmas del hermafroditismo. Solo tienes que observarlo. ¿Te atreves?

El mejor momento para ir a su encuentro es al caer la tarde, cuando los caracoles salen en tropel a buscar alimento. El resto de día permanecen escondidos en lugares húmedos, bajo hojas o musgos.

Este gasterópodo (literalmente, animales con el pie en el estómago) se mueve por medio de contracciones musculares ondulares que, unidas a la secreción de su baba, le permiten desplazarse por cualquier superficie. No existe terreno alguno por el que no pueda deslizarse.

Esta característica es muy bonita de observar en cautividad. Los niños quedarán fascinados viendo cómo nada detiene a este singular animal. Comprenderán, también, por qué necesita un habitáculo tipo Alcatraz, sin posibilidad de fuga.

El Caracol

Una casa con vistas
EXTERIOR Y DECORADA

Lo mejor es preparar un terrario sin aberturas, con techo sólido, del tamaño de dos cajas de zapatos (para dos ejemplares). El suelo debe cubrirse con una mezcla de arena permeable y arena no ácida que tendrá que ser humedecida cada noche con agua. Lo más cómodo es rociarla con un spray.

Resulta buena idea colocar en vertical un par de vigas de plástico o vidrio para que se adhieran y poder observarlos mejor. También se sentirán más cómodos si en el suelo se colocan piedras, hojas y cortezas de árbol, una bonita decoración que también sirve de refugio para la hibernación. Respecto a la ubicación, siempre en el exterior. Si no fuera posible, evitar las fuentes directas de calor.

Menú del día
PAN CON ENSALADA

El caracol no mastica. Ralla los alimentos. ¿Sabes cómo? Con una lengua similar a una cinta (rádula) que contiene hasta 25.600 dientes diminutos. Podría decirse que su lengua es una especie de lima que desmenuza los alimentos. Le encanta todo lo verde: hojas de col, perejil, tomillo, vainas de legumbres frescas y, sobre todo, el salvado. El pan también es un majar para este pequeño tragón de cuernos flexibles.

Es importante alimentarlo solo de noche, justo antes de humedecer la arena del suelo, y eliminar los restos al poco tiempo, si es que sobra algo… En cuanto a cantidades, bastará un puñado, no muy grande, de las variedades vegetales señaladas. Una vez cada dos días, unos gramos de migas de pan seco le harán feliz. Dejar a su alcance un hueso de jibia le proporcionará el calcio que necesita.

Ni vivo ni muero
ME BASTA CON HIBERNAR

Cuando el frío de octubre aparece, los caracoles se sumergen en un letargo que termina a medidos de abril, aproximadamente. El ritmo cardiaco y la respiración disminuyen, la temperatura desciende y, en realidad, podría decirse que no están ni vivos ni muertos.

Si el frío aumenta, el caracol se protegerá segregando una sustancia pegajosa que aislará todo su cuerpo. Cuando el calor vuelve, perfora las pareces de su prisión y dedica todo su tiempo a comer; con lo que habrá que multiplicar sus raciones hasta que se sacie.

Es posible que los caracoles en cautividad cambien su ritmo de hibernación. Para alterarlo lo menos posible, coloca la jaula en el exterior todo el tiempo que dure.

Hoy soy hembra
MAÑANA MACHO

Los caracoles son hermafroditas, es decir, tienen ambos sexos. Y aunque pueden autofecundarse, lo más común es que se fecunden unos a otros. En cada puesta expulsan entre 10 y 100 huevos, y los depositan con sumo cuidado en una cavidad que ellos mismos excavan en la arena.

Un mes más tarde, las crías romperán el cascarón y comenzarán a buscar comida. Si la encuentran, sobrevivirán; si no, morirán. Tres años después, serán hembras adultas. Entretanto, la madre se habrá convertido en padre y partirá en busca de nuevos amores. En un año se reproducen de dos a tres veces.

¿Me ves amarillo?
ESTOY MUY ENFERMO

Hay pocos estudios sobre los males que atacan al caracol. Lo único que se sabe con certeza es que cuando se ponen amarillos y se encierran en su caparazón, están enfermos. ¿De qué? Difícil saberlo. Como precaución, evitar las fuentes directas de calor y los ambientes sin ventilación, mantener limpia su casa (bastará con enjuagar las paredes del terrario con agua y retirar la suciedad a diario) y ofrecer solo alimentos frescos, nunca congelados. El riesgo de que el caracol trasmita alguna enfermedad al hombre es realmente escaso, al menos en España. No obstante, mejor manipular su cuerpo con guantes desechables.

¿Sabías que…

    • La copula de los caracoles dura hasta siete horas. Su época de apareamiento es la primavera. Son capaces de autofecundarse, aunque raramente lo hacen.
    • No mudan la concha. La cocha crece aña toda la vida. Su tamaño refleja la edad que tienen. Si se rompe, mueren.
    • No es lento, sino el más lento; una de las criaturas más lentas de la tierra, si no la más. La velocidad a la que se desplazan no supera los 14 mm por segundo. ¿Sabes cuánto tarda en recorrer un kilómetro? Una semana, y siempre que no realice parada alguna.
    • Obsérvalos de frente y verás sus famosos cuernos, con ojos en las puntas. Más abajo, sobresalen un par de tentáculos más pequeños. Estos últimos funcionan con órganos olfativos o táctiles. No siempre es posible verlos, porque pueden retraerlos, al igual que los cuernos.
    • Son sordos y su capacidad visual es muy limitada. Solo les sirve para detectar si es de día o de noche. Tampoco pueden emitir sonidos. Su sentido más desarrollado es el tacto.
    • Existe un caracol casi tan grande como un perro. Se trata de la especie Achatina caracol Achatina (Lissachatina fulica), de origen africano. Puede llegar a medir hasta 30 cm y está considerada como una de las especies más invasoras y dañinas del planeta. Si quieres asombrarte, echa un vistazo aquí

Imágenes: Unsplash & 123RF

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