Natalia y Patricia

La gata callejera que llamó a palacio

Una gatita merodeaba por el jardín de una preciosa casa de playa en la costa portuguesa de Comporta. Patricia escuchó un ruido y salió a ver qué ocurría. ¡Y allí estaba ella! “Era la cosa más bonita del mundo», recuerda.

«La metí en casa y le di leche tibia. La vi tan chiquitita, tan indefensa… Esa noche durmió en casa. Le preparé un rincón calentito y no se movió en varias horas. Mis padres me dijeron que solo si me comprometía a vacunarla, cuidarla y costear sus gastos, me dejarían tenerla ¡Me cuesta la paga entera! Pero Natalia lo vale”, asegura Patricia.

Esta ama responsable ha vacunado a su gato de moquillo, gripe felina, leucemia, rabia y peritonitis infecciosa felina (PIF). Le da de comer pienso de Mercadona, porque “se lo come fenomenal y es más barato que otras marcas. Yo no me puedo permitir cosas caras”, aclara.

Patricia nos cuenta que juega con ella todos los días y que no la cambiaría por nada del mundo. “Es cariñosa, simpática, guapísima. La adoro. ¡Es lo mejor que me ha pasado nunca!”. Y lo dice con tanta pasión que cuesta creer que exista algo más importante para Patricia que su gatita Natalia.

¡Enhorabuena, chicas! Vuestra historia no ha hecho más que empezar.

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