Nugget y Yaiza

El gato callejero que olvidó su dolor

Octubre de 2017. Los primeros fríos han llegado a Madrid y la noche presagia ventisca. Las calles se vacían a medida que la oscuridad avanza. Es lunes, mal día para recorrer una ciudad que aún arrastra la acedia dominical. Ajeno al calendario, pero no al frío, un gato de pocos meses busca cobijo en el motor de un coche recién aparcado. Es un cachorro inexperto, pero el frío aprieta. Atraído por el calor residual, busca acomodo bajo el capó. Ahí encuentra, posiblemente, el primer consuelo del día, pero no el único…

MUCHOS GATOS CALLEJEROS SE REFUGIAN EN EL ÁREA DEL MOTOR. ANTES DE ARRANCAR, GOLPEA EL CAPÓ PARA QUE ESCAPEn SIN SUFRIR DAÑOS

El coche que ha elegido es de Sonia, una profesora de inglés que, sin duda, tiene un sexto sentido, puede que incluso tenga otros siete u ocho sentidos más. Yaiza, la joven que finalmente terminó adoptando a este cachorro de maullido fino, nos cuenta que “Nugget estaba escondido bajo el capó, a resguardo de todas las miradas. No sé cómo Sonia logró darse cuenta. Pero lo hizo. Abrió el capó y allí estaba él. Me contó que tiritaba de frío y que parecía enfermo y muy asustado”, explica Yaiza abriendo de par en par sus inmensos ojos claros y gesticulando con la suavidad de una bailarina.

LAS HERIDAS DE LA CALLE

La vida de Nugget en las calles de Madrid no debió ser fácil. Era solo un cachorro. Presa fácil de jóvenes con malas intenciones, carne de cañón para coches despistados y motivo de enfado para conserjes intransigentes y peatones malhumorados. “Al pobre Nugget debieron hacerle cosas muy malas –explica su dueña visiblemente emocionada–. Tenía la cola rota, los ojos destrozados… Aun así, la peor herida no era física. Nugget era un animal herido por dentro. Estaba atemorizado”, se lamenta su dueña.

Fede Rodillo, experto en comportamiento animal, nos explica que las heridas de la calle se curan mal. “Patadas, quemaduras, golpes con palos… La gente de buena fe no tiene idea de lo dura que es la vida de un animal callejero. Esta realidad los hace violentos, pero también inseguros y esquivos. Los felinos se vuelven perspicaces y sibilinos. Sacan las uñas con rapidez, pero si intuyen peligro, escapan a la primera de cambio. Se vuelven muy desconfiados y aprenden a protegerse hasta de su sombra. Les va la vida en ello”, concluye Rodillo.

ADOPTAR UN GATO DE LA CALLE ES UNA DECISIÓN MUY VALIENTE. SI HA SIDO MALTRATADO, EL AMO DEBERÁ SER PACIENTE Y CARIÑOSO

todas estas vicisitudes se añade la lucha por la comida. “Los restos escasean y las reyertas pueden ser muy cruentas. Por eso la mayoría se alimenta de reptiles, insectos, ratones…”, apunta Rodillo. Susana Cacho, veterinaria asesora de Thepets.es, añade que “esta alimentación les produce importantes alteraciones intestinales, parásitos y otros males que pueden llevarles a la sufrir dolores muy intensos. Aun así, es muy difícil –y desaconsejable- intentar recogerlos sin ayuda profesional. Su comportamiento es muy diferente al de un gato doméstico y la mayoría tiene pánico a las personas”, advierte la veterinaria.

MAL RECIBIMIENTO…

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El pequeño Nugget poco después de ser rescatado de la calle

Por suerte, Nugget era aún demasiado pequeño y no supo sacar las uñas ni salir corriendo. “Se quedó paralizado. Estaba muy asustado, pero se dejó hacer. Supongo que aún no sabía cómo defenderse de lo desconocido”, argumenta Yaiza.

Gracias a eso, Sonia pudo tomarlo en brazos y llevarlo a su casa, pero no fue bien recibido. Con ella vivían otros dos gatos que no estaban dispuestos a dar la bienvenida a un intruso callejero. “El pobre Nugget lo pasó fatal. Se abalanzaron sobre él y le propinaron todo tipo de mordiscos y arañazos. No le dieron tiempo a defenderse, se rindió de inmediato. ¡Imagina lo que esto pudo suponer para un cachorro enfermo y muerto de miedo!, señala una Yaiza visiblemente emocionada.

… Y NUGGET ENCONTRÓ A SU CHICA

adoptar un gato callejeroUrgía encontrar un nuevo hogar para Nugget. Así que Sonia preguntó en su clase si había algún candidato. Y la única postulante fue una chica de larga melena rizada con corazón de oro: Yaiza, posiblemente la mejor dueña de gatos callejeros de este y otros mundos, si los hubiera.

“Estaba malnutrido, tenía la cola rota, sus ojos supuraban, tenía los oídos infectados… Pero sus lesiones no solo eran físicas. Tenía miedo de casi todo –explica Yaiza con gesto muy serio-. Doy gracias por haberlo podido rescatar de una vida en la calle. Ahora lo veo tan feliz y tan bonito que me duele pensar qué habría sido de él si en vez de escoger el coche de Sonia, se hubiera refugiado en el capó de –digamos- un tipo malo”.

“TENÍA LA COLA ROTA, LOS OJOS DESTROZADOS… AUN ASÍ, LA PEOR HERIDA NO ERA FÍSICA. NUGGET ESTABA HERIDO POR DENTRO Y ATEMORIZADO”

DE CALLEJERO A PEQUEÑO BURGUÉS

Hoy, aquel gato callejero ha olvidado su dolor. Yaiza ha logrado extirparlo con habilidad de cirujano. ¿Sus herramientas? Paciencia, delicadeza y amor. Cinco años después de su primer encuentro, Yaiza y Nugget engarzan momentos “llenos de alegría que me han aportado serenidad y mucha paz. Nugget es un compañero maravilloso que adora acurrucarse en el lugar más confortable de la casa. ¿Sabéis cuál es? Mi almohada de plumón. Este pequeño burgués de origen incierto es requetelisto”, confiesa su dueña con una mezcla de orgullo y sana resignación.

Cuidador acreditado de gatos callejeros

 

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En Madrid hay más de mil colonias felinas censadas y cientos de personas acreditadas por el Ayuntamiento que alimentan y cuidan a los gatos de modo correcto. Todas han pasado un curso específico y tienen un carné otorgado por el Ayuntamiento.

El método CER, que está implantado en la mayoría de las ciudades españolas, vigila las colonias felinas con ayuda de estos gestores acreditados. El curso es gratuito y puede realizarse on-line. No hay límite de edad. Si quieres saber cómo trabajan los voluntarios, echa un vistazo a este vídeo sobre la Colonia Los África, en Cádiz.

 

 

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