Vindi, Diego y Cristina

Perdida y hallada (una historia única)

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ábado, 24 de abril de 2021. Diego y Cristina llevan a Vindi, su Borde Collie de apenas año y medio, a correr al monte de El Pardo, en Madrid. Tienen que darse prisa, parece que va a llover. Como siempre, sueltan a Vindi para que deambule a sus anchas. Vindi está acostumbrada a volver junto a sus amos al cabo de un rato. “Lo ha hecho siempre. Tras un ratito de autonomía, regresa sola; no hace falta que la llamemos”, nos cuenta Cristina, que comparte la tutela de Vindi con Diego, su novio.

Pero algo ocurre… En esta ocasión no vuelve. “La llamamos y no responde. La buscamos durante tres horas sin éxito alguno. Estamos nerviosos, exhaustos, preocupados…- nos cuenta Diego-. Decido llevar a Cristina a su casa y volver yo solo con la moto para continuar la búsqueda por zonas más recónditas”.

“… es de noche, llueve”

A Vindi parece habérsela tragado la tierra. No hay rastro de ella. Nadie la ha visto. La preocupación va en crescendo. Diego habla con Cristina y ambos deciden pedir ayuda e intensificar la búsqueda. Primos, hermanos, amigos… recorren juntos El Pardo, gritando el nombre de Vindi con la esperanza de recuperarla. “Es de noche. Llueve. Llevamos linternas y el corazón en un puño”, explica Diego con un realismo que sobrecoge.

Tras una intensa búsqueda, se hace noche cerrada y la lluvia no cesa; hay que regresar, pero sin Vindi. Diego y Cristina apenas comentan nada. No es necesario, ambos comparten la misma angustia silenciosa. La noche empeora y el corazón se encoge cuando la tormenta inicia una brutal descarga sobre Madrid. “¿Dónde estará? ¿Cómo estará?… Vindi estaba sola en medio de la tormenta. La quería imaginar a resguardo -explica Diego-, pero en El Pardo hay jabalís, y Vindi es una Border Collie criada en casa…”, explica su dueño.

Sobre las siete de la mañana un vecino llama al telefonillo de su chalet, situado a unos 9 km de El Pardo, y les dice que un perro lleva bastante tiempo ladrando “desesperadamente” junto a la puerta de su casa. “Imposible explicar qué sentí”, relata un Diego visiblemente emocionado. Sí, era Vindi. ¡Su Border Collie había logrado recorrer una distancia de 10 km hasta llegar a su hogar! “Estaba sucia, cansada, muy alterada, pero sin daño alguno”. ¿Cómo lo hizo?

Los regresos son pocos y excepcionales

Roberto de Armas es especialista en comportamiento animal y conoce algún caso más como el de Vindi. Sin embargo, reconoce que “no hay ninguna explicación científica a estos hechos”. Roberto advierte que “la literatura y el cine nos han hecho creer que estas hazañas son habituales. Falso. Son muy pocos los perros que logran, con éxito, volver a su hogar recorriendo distancias medias o largas. Y diez kilómetros son muchos kilómetros para un perro, incluso para un Border Collie, una de las narices más privilegiadas de la especie canina”.

De Armas descarta que la orientación o el olfato fueran las únicas agujas de la brújula que guió a Vindi hasta su casa. “Noche cerrada, tormenta… No, tiene que haber algo más. ¿Qué? Puedo hablar de nexos emocionales que refuerzan la capacidad del perro para rastrear, literalmente, a sus amos. Y también de aptitudes excepcionales”, nos explica el etólogo.

Orientación y señales magnéticas

Se sabe que los perros pueden recorrer distancias pequeñas para localizar su casa, pero no más de un par de manzanas. Y aunque las hazañas existen, no son habituales. “Creo que algunos perros nacen con -llamémosla- una brújula interna que comparte similitudes con la que pueden tener los salmones, las aves, las tortugas marinas… Animales que realizan proezas inexplicables. Lo que ocurre es que estos perros privilegiados adormecen su brújula, del mismo modo que el hombre anestesia su orientación con el GPS”.

¿Lo que no se usa se atrofia? “En efecto “, contesta de Armas. “No obstante –continúa- algunas investigaciones señalan que ciertos animales tienen una capacidad innata para «leer e interpretar» las fuerzas del campo magnético de la tierra.

¿Y esto cómo puede haber ayudado a Vindi a volver a su casa? De Armas contesta que “si esta teoría fuera cierta, Vindi no habría tenido más que ir testando vibraciones hasta localizar las que le resultaran familiares. No es fácil de explicar. Bastará con saber que todo emite señales magnéticas, y una vez que se capta lo que se busca, por débil que sea, es posible seguir el rastro. Y al parecer, la clave está en los ojos”.

De armas se refiere al llamado criptocromo1. Una especie de proteína fotosensible que se ha localizado en los ojos de algunos animales y que parece que podría ser la responsable de su misteriosa orientación magnética. Un estudio del instituto Max-Planck-Gesellschaft (Alemania) así lo recoge. De momento, solo podemos estar seguros de que Vindi se orientó mucho mejor en los montes de El Pardo que un alemán tras un par de horas en la Oktoberfest.

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