¿Hipersexualizado? Cómo moderar su carrera de D. Juan

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Si tienes un perro obsesionado con el sexo, has de saber que padece satiriasis. Y que tú estás ante un problema. No es lo mismo un perro que pierde la cabeza por una hembra en celo que un sátiro de cuatro patas. Soy Susana Perita, y hoy voy a hablar de educación sexual, sentido común y alguna cosa más, porque vivir con un perro obsesionado con el sexo puede acabar con la reputación y el buen juicio del más entregado de los amos.

El exceso de apetito sexual canino, llamado también satiriasis, siempre es fuente de conflictos. Acabar con la actitud de un perro obsesionado con el sexo no solo es cuestión de educación y perseverancia. Los expertos tienen mucho que decir. Ellos son quienes van a guiar este trabajo. Con su ayuda trataremos de entender un comportamiento que requiere soluciones precisas, duraderas y en ocasiones personalizadas.

El sexo les ciega

perro obsesionado sexoMarcas de orina, peleas, desobediencia, ladridos… Un perro sexualmente sano hace estas cosas. Es lo normal. Puede que nos moleste verle perder la cabeza —y la compostura— cuando olfatea el rastro de una manceba bien dispuesta, pero no es culpa suya. “Los perros tienen devoción por su amo, por la comida y por las hembras en celo”, explica el etólogo argentino Marcos Sanchiz. Pero todos sabemos que las feromonas de una perra en celo son más afrodisiacas que sus otros amores, y eso tiene (mucho) tirón.

SI UNA HEMBRA SE COMPORTA COMO UN MACHO EXCITADO HAY QUE LLEVARLA AL VETERINARIO

Reprimir a un latín lover canino no es fácil. “El efecto llamada de la hembra le nubla —literalmente— la razón”, explica Sanchiz. Esto es así porque la naturaleza manda. Y cuando hay que asegurar la descendencia, lo demás sobra. “cualquier macho se aparearía gustoso con todas las hembras del barrio. Otra cosa es que sus rivales lo permitan», explica el etólogo argentino. Y escuchándole podemos afirmar que, de no ser por los amos, las luchas por la hembra serían una versión canina de la matanza de Texas.

¿Semental frustrado? Mala cosa…

perro obsesionado sexo
Las hembras no aceptan de buen grado ser acosadas sexualmente, salvo que estén en celo. Muchas no tienen reparo en hincar el diente a su fogoso pretendiente.

Los machos siempre muestran interés por las hembras. No es necesario que estén en celo. Los problemas llegan cuando se trata de —digamos— un semental frustrado. Hablamos de perros que buscan sin descanso satisfacer su libido. Perros desobedientes, fogosos con hembras y con todo lo que les salga al paso, desde el peluche del niño hasta la pierna del abuelo.

Sanchiz explica que “a un perro obsesionado con el sexo le encanta satisfacerse en piernas y brazos. Lo más embarazoso es cuando persiguen niños o ancianos. Y es que si son astutos —continúa el etólogo—, pronto descubren que los adultos tienen piernas de rápida respuesta y puntapié certero, mucho más difíciles de conquistar que las de un niño o un anciano”, revela Sanchiz.

¿Qué hacer?

Los peluche pueden servir de desahogo a un perro con satiriasis. Mejor retirarlos de su vista.

“Aunque no hay soluciones mágicas, da buenos resultados emitir un sonido fuerte y desagradable cuando el animal se lanza al ataque. Una trompetilla o un pito son buenos aliados para que el perro obsesionado por el sexo entienda que sus actos conllevan efectos que le asustan o le desagradan”, aconseja el adiestrador canino Marcos de la Ría.

La psicóloga María Valdivia, colaboradora de Thepets.es, señala la importancia de explicar a los niños que no hay que consentir estos asaltos a su persona porque “no es bueno para el perro ni para ellos. Eso sí —puntualiza Valdivia—, habrá que darles herramientas adecuadas”.

perro obsesionado sexoEstas podrían ser, según Marcos de la Ría, “enseñarles a pronunciar un NO severo y fuerte”. Valdivia no cree, sin embargo, que sea suficiente. “Las palabras no frenan a un perro obsesionado con el sexo. Si yo tuviera este problema, colgaría del cuello de mi hijo (o de mi abuelo) un pito. Un solo gesto bastaría para desconcertar al perro y reclamar mi presencia”, argumenta la psicóloga.

Es importante que el dueño principal del perro lidere la reeducación. Sin titubeos. El animal debe saber que estos actos desagradan, sin concesión alguna. “Ayudará mucho que el amo se presente con rapidez cuando el perro moleste a algún miembro de la familia con sus pulsiones sexuales”, aconseja Marcos de la Ría.

LA SATIRIASIS ES FUENTE CONTÍNUA DE PROBLEMAS Y SITUACIONES EMBARAZOZAS

No hagas esto. ¡Nunca!

Todos los expertos consultados por Thepetes.es coinciden en señalar los tres peores errores que un amo puede cometer con un perro que trata de beneficiarse a todo lo que le sale al paso. Estos son:

  • Reírse y comentar con los espectadores
  • Observar en vez de actuar ipso facto
  • Creer que es un arrebato, algo pasajero

Reconducir a un perro obsesionado con el sexo no es opcional, sino obligatorio. Banalizar su conducta es perjudicial. Y también peligroso. “La satiriasis no tratada puede afectar a la salud mental del perro. Su descontrol sexual no le sale gratis a nadie”, explica Susana Cacho, veterinaria asesora de Thepets.es.

LA SATIRIASIS NO TRATADA PUEDE AFECTAR A LA SALUD MENTAL DEL PERRO

Terapia siempre, química a veces

El exceso de libido puede —y debe— reconducirse. “Si no hay nada de malo o violento en enseñarle a hacer sus necesidades fuera de casa, tampoco lo hay en educar su libido, algo tan natural y biológico como las ganas de orinar”, argumenta Sanchiz en clara alusión a un movimiento que aboga por dar rienda suelta al apetito sexual de los perros, y cuyo nombre obviamos de modo deliberado.

Lo primero será acudir al veterinario para que valore o no el uso de sustancias químicas. “Muchos de estos perros sufren ansiedad subyacente, que se controla muy bien con medicamentos”, apunta Susana Cacho. También hay que investigar si hay algún mal subyacente. “Ciertos trastornos neurológicos y/o alteraciones genéticas pueden desencadenar satiriasis”, aclara Cacho. Recientemente se investiga la relación de la satiriasis con ciertas anomalías que cursan con dolor. Pero aún no hay resultados concluyentes.

En cualquier caso, la terapia conductual es imprescindible. Los fármacos por si solos no modifican la conducta, solo ayudan a moderar su impulso. Además, no siempre son necesarios. Susana Cacho aconseja probar con otras fórmulas antes de recurrir a tranquilizantes o inhibidores. El uso de feromonas sintéticas (Adaptil®) o esencias florales son una opción, entre otras muchas.

Los diez primeros pasos

El adiestrador Marco de la Ría resume en diez puntos los pasos para reconducir la satiriasis de un perro recién diagnosticado:

1  Llevarlo atado para evitar que moleste a las perras y a sus dueños

2  Procurar sacarlo de paseo a las horas menos concurridas

3  Rociar con vinagre y limón (o repelentes comerciales) sus objetos de deseo (juguetes, almohadas…)

4  Pronunciar un NO severo, corto y firme si creemos que va a entrar en acción

5  Reprender en el minuto cero cualquier arrebato inapropiado

6  Provocar un ruido corto y fuerte cuando lo pillemos in fraganti

7  Mojarlo con unas gotas agua en spray si vuelve a las andadas tras el susto

8   Encerrarlo 3-4 minutos si no obedece. Apagar la luz

9   Calmarle con palabras suaves y caricias al acabar el encierro

10  Sacarlo a pasear cuando haya recuperado la calma

Si el comportamiento ha arraigado en el animal, lo prudente es contactar con un adiestrador capaz de diseñar un plan individualizado. “La satiriasis no tratada puede haber alterado la conducta hasta puntos insospechados. Hay que evaluar al animal y trazar una terapia personalizada. No valen pautas generales”, advierte Marco de Ría.

El tratamiento, para ser eficaz, debe consensuarse con el veterinario. “Con toda seguridad se necesitará terapia farmacológica. Una buena comunicación entre las partes implicadas va a permitir soluciones más eficaces y rápidas”, argumenta Cacho.

Castrarle no es la solución

Muchos veterinarios recurren a la castración para eliminar el exceso de libido. Sin embargo, no siempre lo consiguen. Desde la unidad de etología y bienestar animal de la facultad de ciencias veterinarias de Buenos Aires (Argentina) explican que “la retirada de órganos sexuales no implica la eliminación del deseo sexual. Es cierto que la libido disminuye, pero sus hábitos continúan”.

Esto significa que la terapia conductual es igualmente necesaria. Castrarle le hará, quizás, más dócil, pero no hará de él un dulce muchacho. Es muy posible que continúe molestando hembras, persiguiendo piernas, peleando… En palabras de la Ría, “cuando los hábitos conductuales han arraigado, castrarle no va a solucionar el problema”.

LA RETIRADA DE ÓRGANOS SEXUALES NO IMPLICA LA ELIMINACIÓN DEL DESEO SEXUAL

Ojo a los cachorros

Los cachorros juegan a montarse con frecuencia. En Thepets.es sabemos que algunos amos son reacios a frenar o limitar esta conducta. Argumentan que es solo un juego, un acto natural exento de instinto sexual. Y es cierto. Aún así, los expertos aconsejan corregirlos. “Este es el mejor momento. Todo lo que pueda convertirse en un problema, hay que frenarlo a tiempo. Educarlo en este aspecto no va a traumatizarlo ni a coartar su sexualidad”, explica el adiestrador canino Alvaro Valdivieso.

Las hembras también la montan

Micaela Amada, veterinaria colaboradora de Thepets.es, aclara que esta conducta también la adoptan hembras con problemas conductuales u orgánicos. “Los quistes en los ovarios suelen estar detrás de este comportamiento”. ¿Siempre? “No —responde Amada—. Las infecciones de orina y ciertos problemas óseos también pueden desencadenarlo. Por eso, cuando una perra se comporta como un macho, hay que ir al veterinario”, advierte la experta.

SI UNA HEMBRA SE COMPORTA COMO UN MACHO EXCITADO HAY QUE LLEVARLA AL VETERINARIO

Otra conducta —digamos— embarazosa es cuando un macho intenta montar a otro macho. En este caso estaríamos ante un perro que busca escalar puestos en la jerarquía canina. “No hay fin sexual alguno, solo ganas de dominar al contrario”, aclara Sanchiz. En este caso, no estaríamos ante un perro obsesionado con el sexo, solo ante un macho al que hay que bajar los humos.

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