¿Qué piensa mi perro? Lo mismo que tú, no

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Le miras, te mira… Quizás te preguntas: ¿qué piensa mi perro? Un tipo llamado Gregory Berns pensó lo mismo que tú y se puso a escanear cerebros caninos para averiguarlo. Sus conclusiones te dejarán ojiplático. Te avanzamos algo: tu perro te quiere mucho, tiene una sensibilidad semejante a la de un niño de cinco años y sabe que pertenecéis a especies distintas. Y esto es solo la avanzadilla

Sabes lo que es una fMRI? Una prueba médica que genera imágenes cerebrales de las zonas que controlan el pensamiento, las sensaciones, el movimiento, el habla… Durante la prueba, el sujeto realiza tareas sencillas que ayudan a ubicar esas áreas y registrar su reacción ante ciertos estímulos. Gregory Berns, un neurocientífico bastante curioso, comenzó a sospechar que la fMRI podría ayudarle a decodificar el pensamiento de los perros. La respuesta a la pregunta ¿qué piensa mi perro? estaba ahora más cerca.

Sensibles como niños

Callie, una mestiza de tres años de edad, sabe cómo subirse al equipo de resonancia magnética, y lo hace más feliz que unas castañuelas. Las golosinas que recompensarán su comportamiento al final de la prueba la animan a permanecer quieta el tiempo necesario para realizar la prueba. Cualquier tipo de sedación invalidaría los resultados. Su dueño es Gregory Berns, y va a explorar el cerebro de su perra con imágenes de fMRI. Berns busca respuestas científicas a una pregunta muy humana: ¿qué piensa mi perro?

Las imágenes no son concluyentes. Parece que hay respuestas emotivas, empáticas… A Callie le hicieron llegar el olor de su dueño y su cerebro se emocionó. La alegría quedó registrada en las imágenes de fMRI. Pero es necesario estudiar más cerebros caninos. Berns y su equipo ponen en marcha el llamando Proyecto Perro (The Project Dog). Urge hacer más fMRI para aproximarse a lo que todo dueño ha pesado alguna ves: ¿qué piensa mi perro?

Para ello, adiestran a un grupo de canes y logran, no sin esfuerzo, que se mantengan quietos durante las pruebas. Los resultados son extraordinarios. Gregory Berns, en una entrevista publicada en The New York Times, dijo que los perros tienen una sensibilidad semejante a la de un niño de pocos años: “la capacidad canina para experimentar emociones como el amor o el apego señala que los perros poseen un rango de sensibilidad análogo a la de un niño”, afirmó.

Todas las investigaciones parecen indicar que cuando hablas a tu perro y éste ladea la cabeza, algo muy complejo ha comenzado a pasar en su mente

Es cierto que hasta el amo más primerizo comprende en poco tiempo que su perro es capaz de sentir, pero apostamos que pocos han llegado a equiparar la sensibilidad de su perro con la de un pequeño de cinco años. Sin embargo, los datos de Berns son concluyentes: las imágenes fMRI no se discuten, se interpretan. Además, por si hay algún escéptico por ahí, señalar que Gregory Berns no es un bocachancla: si quieres conocer su currículo, pincha aquí. ¡Es abrumador!

¡Sí! Él también te ama

Las introspecciones de Berns en la mente canina arrojaron más sorpresas: también aproximan algo sobre lo que piensan de nosotros, sus amos. “Todo apunta –dice Berns- a que experimentan las cosas de manera semejante a como lo hacemos nosotros”. ¿Qué significa esto? En el libro What It’s like to be a dog, este neurocientífico cuenta que “los perros perciben a los humanos como un grupo separado de ellos, pero, aun así, sus dueños son considerados parte de la familia. Y, de hecho, buscan su ayuda y no la de otros compañeros de especie. Esto podría indicar que son conscientes de que los hombres tienen recursos de los que ellos carecen”.

No tenemos el mismo lenguaje, pero somos capaces de comunicarnos: tono de voz, expresiones faciales y corporales, ladridos e incluso palabras muy concretas lo hacen posible

Las investigaciones del Proyecto Perro también avanzaron que los canes empatizan con nuestras emociones y nos aman de verdad. Su sentimiento por el amo trasciende –digamos- la comodidad de ver satisfechas sus necesidades. Por primera vez hay pruebas científicas, no solo emocionales, de lo que cualquier amo primerizo capta al vuelo: que su perro le quiere. Pero no seamos crueles con los científicos, ellos necesitan algo más empírico que la opinión subjetiva de millones de dueños. Cuando ellos se preguntan ¿qué piensa mi perro?, no les vale solo con el sentimiento.

Qué estará pensando mi perroDistinguen palabras, pero no las entienden

Un estudio de la Universidad Eötvös Loránd (Budapest), publicado en Scientific Reports, también indagó los cerebros de un grupo de Golden Retriever y Border Collie con un escáner fMRI. No buscaban responder exactamente a la pregunta del millón: ¿qué piensa mi perro? En esta ocasión querían investigar hasta qué punto son capaces de entender lo que decimos.

Para averiguarlo, intercalaron palabras pronunciadas en tono neutral con otras de felicitación. ¿Qué descubrieron? Que los perros procesan la entonación en el hemisferio derecho y las palabras en el izquierdo, igual que los seres humanos. ¿Qué significa esto? Que más allá de la entonación, reconocen y distinguen palabras concretas.

En un comunicado de Adam Miklósí, uno de los autores de este estudio, el científico afirmaba que algunos perros “memorizaron palabras nuevas con la misma rapidez que los niños de dos a tres años de edad”. Pero antes de que la apertura de tu boca alcance las rodillas, detén tu asombro: solo las retienen unos diez minutos, después se desvanecen en su memoria… ¡C’est fini!, que diría un resuelto académico.

Decir que procesan cantidades numéricas básicas es como afirmar que distingue muchos de pocos. Eso no es una novedad para los etólogos que pintan canas

Ninguna investigación ha logrado evidenciar que los perros comprendan el significado de las palabras, pero sí han demostrado que son conscientes de que algunas tienen relación con ellos, con independencia del tono en que se pronuncien.

“Los perros distinguen qué les decimos y cómo se lo decimos, y combinan ambas cosas para interpretar correctamente el mensaje”, explica Attila Andics, miembro del equipo de la Universidad Eötvös Loránd.

En The Pets concluimos, por tanto, que cuando hablamos a nuestros perros es importante lo que decimos, y cómo lo decimos. La Universidad de Nueva York también demostró que los perros son muy sensibles al tono verbal de su amo. Aunque estas evidencias no dan una respuesta clara a la pregunta de ¿qué piensa mi perro?, sí podemos afirmar que el tomo de voz incluye en su modo de procesar los datos.

La pregunta del millón: ¿Qué piensa mi perro?

Cuando tu perro te mira fijamente, ¿qué crees que ve? ¿Un dios griego? ¿Un colega? ¿Un líder? ¿Un sacacorchos? Las investigaciones tienen claro que saben que están frente a un sujeto de especie diferente. “Saben que no somos como ellos”, explica Catalina Barnes, experta en comportamiento animal. “Las imágenes de Gregory Berns demostraron varias cosas, y una de ellas es que la presencia de su amo les proporciona felicidad. Saben que no somos perros, pero nos consideran miembros de un único clan. Nos reconocen como líderes y tienen respuestas emotivas claras”, continua la etóloga.

¡Desengáñate! Ni el más listo de los canes puede resolver uno solo de los problemas que hacen desaparecer los cachorros de la Patrulla Canina. Esas cosas solo pasan en la tele.

Todos los expertos consultados por The Pets coinciden en que los perros experimentan emociones semejantes a las nuestras. Sienten felicidad, deseo de compañía, pena, miedo e incluso timidez.

Las investigaciones del Proyecto Perro de Gregory Berns también confirman lo mismo. “En todos los ejercicios que hicimos con los escáneres cerebrales –en los que presentábamos a los perros ciertas cosas y analizábamos sus respuestas– vimos respuestas análogas a las de los humanos”, explica Berns.

Qué estará pensando mi perro

¿Poderes extrasensoriales? 

 

Si alguien capta señales que escapan a nuestro mundo perceptivo, tendemos a decir que tiene un sexto sentido. Y con el perro esta sensación es aún más mayor.

 

Esto no significa que estén dotados de poderes extrasensoriales o que una autoridad divina guíe su camino. Lo único cierto es que sus sentidos están más desarrollados que los nuestros.

 

¿Pueden ver cosas que nosotros no podemos?, ¿avanzar catástrofes?, ¿percibir seres de otro mundo? No. Todo esto es fruto del imaginario popular y de una cansina inclinación a atribuirles poderes inexistentes.

 

escuchan ruidos imperceptibles para nosotros, tienen buena visión, un olfato envidiable y siempre están alerta, pero eso no es paranormal; es supernormal.

Nuestras emociones son similares

¿Podemos afirmar entonces que los perros tienen sentimientos “humanos”? Difícil pregunta. Un grupo de científicos intentó averiguar algo al respecto sometiendo a un grupo de perros al “test de situación extraña”, desarrollado por la psicóloga Mary Ainsworth para entender qué sienten los niños al separarse de su madre. Los resultados dan que pensar.

A saber: el grado de apego que el animal tiene por su amo es equiparable –según este experimento- al que siente cualquier pequeño por su madre. ¿Argumento? El niño se llena de alegría cuando regresa mamá, y el perro no cabe de júbilo al ver al amo. ¡Tremendo descubrimiento! ¡Ay, qué callado se lo tenían esas mamis y eso amos…!

Pero no nos vengamos arriba tan pronto con esos resultados tan fashion. Gregory Berns explica que cuando los perros nos reciben llenos de alegría y “saltan e intentan lamernos la cara, también están tratando de probarnos y olernos para averiguar dónde hemos estado y qué hemos hecho durante nuestra ausencia”. En otras palabras, un punto de cotilleo sí tienen.

La etóloga Catalina Barnes es algo más precisa al concretar que “hombre y perro compartimos la capacidad de tener emociones que encajan en parámetros similares, quizá idénticos. Sin embargo, dichas emociones siempre tendrán profundas diferencias cualitativas y cuantitativas. No son comparables ni medibles en una escala compartida”, aclara. Para esta etóloga, el experimento del “test de situación extraña” en perros no tiene validez alguna.

Qué estará pensando mi perro

Matizando conclusiones

La última sorpresa también nos llega de la mano de Gregory Berns. ¡Este tipo es una mina! Sus investigaciones también parecen haber demostrado que los perros procesan espontáneamente cantidades numéricas básicas ¿Cómo? Nos sentimos incapaces de explicarlo sin aburrir a la comunidad The Pets. Pero te facilitamos el acceso a esta fuente y te animamos a sacar tus propias conclusiones.

Catalina Barnes ya lo ha hecho. Esta etóloga considera que no hay que quedarse con el titular. “Decir que un perro puede procesar secuencias numéricas lleva al error. Seamos serios: ningún can resuelve problemas de matemáticas ni lee el Financial Times. Estos titulares son muy llamativos, pero erráticos”. La etóloga, además, no se corta en ápice y afirma que “este estudio, en verdad, no arroja novedad alguna: viene a decir que son capaces de distinguir entre muchos y pocos, y eso no es ningún descubrimiento, no al menos para los que llevamos muchos años trabajando con animales”, concluye.

¿Masa gris o instinto?

Antonio de Lucas nos cuenta con orgullo que su Pastor Alemán ha aprendido “él solito” a abrir las puertas. ¿Cómo? Apoyando una de sus patas sobre el picaporte. ¿Significa esto que tiene un Einstein de cuatro patas? No. La explicación nos la da Catalina Barnes: “Todos los animales, no solo los perros, dan casualmente con soluciones. Lo más probable es que el perro accidentalmente presionara el picaporte, y así en varias ocasiones, hasta que finalmente ‘aprendió’ a abrir la puerta sin vacilación”.

Ni sexto sentido ni capacidad de reflexión: sus armas son el instinto, el aprendizaje y sus finos sentidos

Susana Cacho, veterinaria asesora de The Pets, responde a la pregunta ¿qué piensa mi perro? con el convencimiento de que estos animales sí piensan, “siempre que entendamos el término ´pensar` como un proceso elaborado y una consecuencia de la capacidad cognitiva”. En otras palabras, ningún perro se enfrentará a un problema, sopesará posibilidades y optará por la más adecuada, pero sí estará bien dispuesto al adiestramiento. Sabrá procesar muy bien el ritual de aprendizaje, algo impensable en una oruga, en un pez u otros animales con un sistema cognitivo simple. “Además -continúa la veterinaria-, la raza canina tiene instintos y características propias de un cerebro bien armado”. En conclusión: ni sexto sentido ni capacidad de reflexión: sus armas son el instinto, el aprendizaje y sus finos sentidos.

 

 Mentiras y verdades…
…sobre la mente canina

 

Saben cuándo se avecina tormenta

Verdadero. Pero no lo adivina en su bola de cristal. El señor del tiempo es su nariz, que dispone de unos receptores que captan los más leves cambios de temperatura y humedad en el ambiente.


Ve cosas que nosotros no podemos

Falso. No es cierto que tenga la capacidad de ver fantasmas o espíritus. Si gruñe al vacío sin motivo aparente, hay otra explicación, y está en su oído. Percibe sonidos leves y lejanos que escapan a nuestro tímpano: las pisadas de un ratón, un silbato ultrasónico, los ladridos de un colega… Él solo responde según su natural ser.


Advierte la llegada de una persona

Verdadero. Puede percibir su presencia mucho antes de que la persona entre por la puerta. El sonido de sus pisadas, un chasquido del felpudo de la entrada… dará la voz de alarma, pero solo si está despistado. En condiciones normales de vigilia, su olfato captará el olor de la persona a varios metros de distancia. En su nariz hay 200.000 células olfativas, frente a las 5.000 que tiene el ser humano.


Entiende nuestras palabras

Falso. El perro, por repetición y aprendizaje, termina por identificar una palabra con una acción determinada, pero no así su significado.


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